Amigos de la Ópera de La Coruña cumple años feliz y con buena salud

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Cuando los Amigos de la Ópera de La Coruña pusieron en marcha su asociación, pensando en iniciar la actividad lírica en la ciudad, Isabel II llevaba pocos meses en el trono de Inglaterra. Quizás eso ayude a poner en perspectiva la larga trayectoria de los Amigos, que este año celebran su 70 aniversario y lo celebran hoy sábado con una gala conmemorativa en el Teatro Colón, en la que participarán algunos de los cantantes de esta temporada. Un momento para celebrar lo vivido, pero también con la mirada puesta en la nueva etapa que se ha abierto con el relevo en la dirección artística, que augura cambios a medio plazo en las propuestas y la filosofía de la asociación.

La obertura de los Amigos se compuso en los salones del Sporting Club, en la Calle Real de La Coruña. El maestro de ceremonias fue Cristino Álvarez, quien junto a cuatro amigos decidieron ponerle música a la afición por la lírica que existía en la ciudad y de un modo estable. Ese 1952 registran la asociación y en agosto del año siguiente se celebra la primera temporada. En cuatro días, ‘Il Trovatore’, ‘Tosca’, ‘Madama Butterfly’, ‘La Traviata’ y el programa doble ‘Cavalleria Rusticana’ y ‘Pagliacci’. Al año siguiente, ‘Lucia di Lammermoor’, ‘La Boheme’, ‘Aida, ‘Andrea Chenier’, ‘Rigoletto’ y ‘Carmen’. Un menú así hoy escandalizaría a los más puristas. ¡Repertorio de toda la vida, sin moderneces! Eran otros tiempos, claro está.

Los repartos en aquella década de los cincuenta -y también en los sesenta- eran una peculiar mezcla hispano-italiana. Se aprovechaba que los grandes intérpretes transalpinos zarpaban con sus compañías desde Galicia rumbo a las temporadas sudamericanas. La Coruña y -un poco más tarde- Vigo pudieron contar con jóvenes que acabarían siendo estrellas, y que estaban en los primeros compases de sus carreras. En el Colón se pudo oír a Carlo Bergonzi en 1955 y 1956 encarnar a Mario Cavaradossi, Edgardo o Don Alvaro. En la década de los sesenta se convertiría en tenor de referencia en el Metropolitan de Nueva York y La Scala de Milán, entre otros templos líricos.

El talento lírico nacional se hizo habitual en las tablas del Colón y el Rosalía. En agosto del 59, Alfredo Kraus encarnó con apenas tres días de diferencia el Duca del ‘Rigoletto’ y el Conte Almaviva del ‘Barbero de Sevilla’. Volvería los años siguientes para vestirse de Fausto, Nadir, Alfredo Germont, Lord Arturo, Nemorino o Fernando. En los sesenta se convirtió en un tenor habitual para el repertorio más lírico-ligero, mientras que para los roles más pesados se contaba con los poderosos medios de Pedro Lavirgen. Es en la Butterfly de agosto de 1963 cuando una joven soprano catalana, Montserrat Caballé, se enamorará dentro y fuera del escenario del protagonisa, el tenor Bernabé Martí, el amor de toda una vida. También recaló en La Coruña un jovencísimo José Carreras, como Rodolfo de ‘La Boheme’ y Alfredo de ‘La Traviata’ (1972).

Fórmula de éxito

Pero los Amigos no descuidaron tampoco al talento local. Voces como las de los gallegos Antonio Campó, María Luisa Nache o Ángeles Gulín fueron igualmente habituales en los repartos de los sesenta y setenta, junto a artistas internacionales consolidados como Franco Bordoni, Piero Cappuccilli, Vicente Sardinero, Silvano Carroli, Gianna d’Angelo, Pierre Duval, Viorica Cortez, Veriano Luchetti, Giuseppe Taddei o Renato Capecchi. Y he aquí la fórmula desvelada: nombres consolidados junto a valores nacionales emergentes, y promoción del talento de la tierra. Funcionó entonces, y ha seguido haciéndolo durante estos últimos veinte años, cuando los Amigos abandonaron las dos ominosas décadas previas.

La fórmula la aplicó durante esos casi veinte años César Wonenburger, el anterior director artístico de la asociación, que este año ha cedido el testigo a Aquiles Machado. El tenor venezolano, ahora en funciones de programador, gusta de darle continuidad. Voces de aquí -este año, las de Moisés Marín, Xabier Anduaga, Vanesa Goikoetxea, Borja Quiza o Alejandro Baliñas- que se mezclan con artistas internacionales como los Meade, Alagna, Kunde, Arteta, Albelo, Rodríguez, Álvarez o Radvanovsky que han cantado en los últimos años o lo siguen haciendo en las temporadas coruñesas.

Los Amigos tienen motivos para celebrar 70 años de vida, pero también deberes para que puedan seguir soplando velas en festejos venideros. Machado es consciente. Hay por delante varios retos, todos ellos ambiciosos y que no serán resolubles en el corto plazo. El término que lo condense probablemente sea renovación. Los tiempos han cambiado. También los públicos, los gustos, las maneras de consumir ópera, los enfoques escénicos, las modas y también el repertorio. Los aficionados de la vieja guardia tendrían sueños húmedos si se anunciaran para 2023 los títulos de la temporada de 1953. Pero la nueva generación tendría algún reparo más a volver al telón pintado y a lo de siempre. Machado se sabe en ese equilibrio entre moderno y clásico. Su audacia se pone a prueba.

Hoy, por lo pronto, gran gala lírica con José Manuel Pérez-Sierra a la batuta. Fragmentos de ópera en el programa, y alguna es un anticipo de lo que habrá de venir pronto. Tomen nota y hagan sus quinielas.

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