El volcán de La Palma tardará cientos de años en enfriarse

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El volcán de Teneguía (La Palma) entró en erupción hace ya más de 50 años, y el terreno aún registra calor, al igual que ocurre en Timanfaya (Lanzarote), que siglos después sigue teniendo calor suficiente como para alimentar las cocinas del restaurante El Diablo y para generar géiseres en la zona. Tras 10 meses del inicio y 8 de la finalización de la actividad en el volcán de La Palma, Tajogaite, la pregunta está en el aire: ¿Hasta cuándo habrá temperaturas récords en la zona de la erupción?

El vulcanólogo del IGN, Stavros Meletlidis, responde a esta duda, y su respuesta supone que este calor durará más que el recuerdo vivo de los habitantes de La Palma.

«Es el momento de hablar de temperaturas», ha dicho a través de sus redes sociales, «si la erupción en La Palma ha cesado hace 8 meses ¿por qué seguimos viendo la incandescencia en varios puntos del cono o las altas temperaturas en las coladas de lava?».

¿Qué pasa con las temperaturas después de una erupción?, para resolver esta pregunta, Meletlidis considera que lo primero sería explicar «qué pasa antes y durante la erupción de los magmas primarios, frescos, que suben en puntos calientes o en las dorsales». El magma (roca fundida, minerales y volátiles) «sube desde el manto a una temperatura de 1400ºC, y en su viaje hacía la superficie, por diversos motivos, la temperatura cambia (bajando siempre)», así, en el momento de la erupción, «podemos medir temperaturas de 1100-1200ºC». 

Aunque podemos ver las lavas o las fuentes de lava como un fuego continuo, ha señalado el vulcanólogo, en realidad, aunque parezca que el cono tiene una gran llamarada, «no existe tal fuego porque no hay combustión, no se está quemando nada», es una «masa plástica o fluida, continua o casi continua, de altas temperaturas que nos da esta impresión». Una vez terminada la erupción es esperable que las coladas o el cono generado por la erupción «bajasen a temperaturas normales, de ambiente, eso no pasa, al menos en el periodo de tiempo que nosotros pensamos», advierte.

En el caso de las coladas, la parte exterior ya está fría, a pocas semanas, si se trata de flujos de poco espesor. «En realidad, la parte exterior está ya casi fría desde que se emplaza, pero el material fundido debajo de ella hace que todo el cuerpo siga a 700ºC».

En el cono, «las cosas son distintas», apunta Meletlidis, la superficie «está cubierta por material poco consolidado (cenizas, piroclastos, escorias, todo apilado) que parten de una temperatura menor, pero a pocos metros debajo de ese material, estamos a aproximadamente 1000ºC, y estaremos así mucho más tiempo que las coladas».

¿Por qué pasa eso?, para entender esas altas temperaturas «primero tenemos que entender el medio, el magma, que en la la superficie lo llamamos lava (aunque no es lo mismo)». El «secreto», indica el experto, «está en la masa como dirían en el horno, y sí, el secreto está en los minerales, tanto en los cristales como masa cristalina, donde ellos flotan o crecen». Los minerales tienen la «capacidad de almacenar el calor, y aunque se cristalizan y cambian, siguen manteniéndolo». En los volcanes, como no hay combustión, y no se pierde masa, «la temperatura bajará con un enfriamiento lento».

El mecanismo más importante para que se enfríe un flujo es «el contacto con el aire y no la lluvia», como se suele pensar. De esta forma, «cuanto más espesor tiene un flujo y más cerca está al punto de emisión, más tiempo mantendrá las temperaturas». ¿Cuánto tiempo? Pues «depende de varios factores», como el espesor, composición, distancia del punto de emisión, temperatura del emplazamiento, condiciones atmosféricas entre otras.

A modo de ejemplo, Stavros Meletlidis señala que en Hawái «se ha visto que para llegar a 200ºC (no a temperatura ambiente), un flujo de 4-5 metros tarda unos 6 meses; 1,5 años para los de 12-15 metros; 6 años para los de 30 metros o 20 años para los de 60 metros». En el caso del lago de lava del Kilauea de 1959, con un espesor de 135 metros, «en profundidad sigue caliente e incandescente y ha tardado 35 años para solidificarse». Pasando ahora al cono, recalca, »podemos ver que la temperatura en el suelo está entre 70º y 90ºC, por que se trata de un campo fumarólico de baja temperatura, menos de 100ºC, ya que predomina el vapor de agua con un poco de SO2, H2S, CO2 entre otros, que proceden del cuerpo magmático y «escapan» durante su lento enfriamiento».

Pasando de estos escasos centímetros de suelo, «la sorpresa viene a pocos metros de profundidad y en los puntos de los caminos que ha usado el magma para llegar a la superficie o donde ha rellenado fracturas y discontinuidades» y es que en esos puntos »vemos que se registran temperaturas de aproximadamente 1000ºC y cómo no, se aprecia la incandescencia». 

Por tanto, «habría que decir que, cuando el magma basáltico en profundidades someras o la lava en superficie baja de los 1000ºC, simplemente dejan de fluir» convirtiéndose en «una roca muy caliente pero que no tiene ninguna probabilidad de recobrar su vida (es decir fluir)» pero… ¿Y cuánto tarda en enfriarse este material?

Pues otra vez «depende de la composición, la porosidad, el recorrido del magma, la geometría del cuerpo, la temperatura de la roca encajante, el volumen de material a poca profundidad, y el espesor de los ramales o diques, que desde la superficie a 10-12 kilómetros hay un entramado de ramificaciones y cuerpos magmáticos por donde sube el flujo del calor». Suponiendo que este punto representa parte de un dique de alimentación, aunque la incandescencia desaparecería después de unos meses, «la parte central, bajaría a 800ºC después de varios años (si antes no cambia nada) y la parte exterior de este dique ya ha bajado a 500ºC a la semana de finalización de la erupción».

De acuerdo a estas medidas en el campo, análisis en laboratorios y modelos numéricos de enfriamiento de diques, «un dique basáltico (que ha participado en una erupción) entre 4-5 metros, necesita aproximadamente 100 años para llegar a una temperatura de 200ºC, y hablamos siempre para la parte cerca la superficie».

Esto es diferente en otras zonas, apunta Meletlidis, ya que «las cosas cambian mucho en profundidad y como ejemplo cercano es el Timanfaya en Lanzarote, donde han pasado casi 300 años y el cuerpo magmático esta a casi 5 kilómetros de profundidad y, aun así, a 13 metros de la superficie se puede medir 600ºC».

Por tanto, si aplicamos esto a La Palma «entendemos que este calor nos acompañará en ¡el resto de nuestras vidas!»

Como ha dicho Stavros Meletlidis en múltiples ocasiones, «es algo natural, normal y esperable», por lo que el vulcanólogo apuesta por «normalizar las temperaturas en un área que ha sufrido una erupción y respetar este entorno».

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