‘La fille du régiment’ en San Sebastián: como el de casa, ninguno

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Tras dos años de ‘sequía’, San Sebastián vuelve a vivir con intensidad su Semana Grande. Las calles de esta bellísima ciudad, especialmente el centro histórico, son estos días un bullicioso hormiguero feliz de recuperar esa en otros tiempos poco valorada normalidad. La Quincena Musical Donostiarra, un festival que celebra este verano su edición número 83, tenía que estar acorde con el entorno, y ha rescatado un género, la ópera, ausente desde hace muchos años de la programación: la ópera.

Situada en el ecuador del certamen, que dirige Patrick Alfaya, la ópera ha sido uno de los platos fuertes de un contundente menú -estamos en San Sebastián, no podía ser de otro modo- que ha contado o contará en los próximos días con figuras como John Eliot Gardiner, las hermanas Katia y Marielle Labeque, Semion Bychkov, la Orquesta Filarmónica Checa, Víkingur Ólafsson, el Cuarteto Quiroga, Wayne Marshall… y, naturalmente, el Orfeón Donostiarra, probablemente la mayor y más prestigiosa institución musical de la ciudad.

Para el reencuentro del certamen con la ópera se ha elegido un título igualmente festivo, ‘La fille du régiment’, de Gaetano Donizetti, y al frente de su alineación ha puesto a dos de los cantantes donostiarras más punteros: la soprano Elena Sancho Pereg y el tenor Xabier Anduaga. Los dos, especialmente este último -que bisó en las dos representaciones el espectacular y celebrado aria de los nueve ‘dos’, ‘Ah, mes amis…’-, echaron por tierra el refrán de que nadie es profeta en su tierra. Cuentan que el padre de Julián Gayarre decía siempre que escuchaba a su hijo: «Como el de casa, ninguno». Y eso se podía repetir estos días aquí con respecto a los dos cantantes.

Precisamente de las filas del citado Orfeón Donostiarra salió Anduaga, un jovencísimo cantante de tan solo 27 años con una proyección extraordinaria y que está llamado a ser una de las grandes figuras del mundo del canto (en realidad, ya lo es). Su voz lírica, plena y homogénea, la aparente facilidad de su canto y sus agudos sólidos y penetrantes son las armas del tenor. A su lado, Elena Sancho Pereg exhibió una hermosa línea de canto y un exquisito buen gusto, además de notables condiciones como actriz.

Lo que en principio iba a ser una versión semiescenificada de la ópera se convirtió, por el empuje de los cantantes, en una producción esquemática y carente de pretensiones, dirigida musicalmente por Lucas Macías y escénicamente por Guillermo Amaya. Completaban el reparto Damián del Castillo, Anna Alàs i Jové, Paula Iragorri, Juan Laborería, Darío Maya, Luken Munguira y Gerardo Quintana. Enrique Sancho firmaba la escenografía, Raquel Porter los figurines e Ion Aníbal la iluminación. La Euskadiko Orkestra y el Coro Easo completaban la ficha artística.

‘La fille du régiment’ (‘La hija del regimiento’) es una ópera cómica que su autor compuso entre 1839 y 1840 durante su estancia en París, con un libreto de François Bayard y J. H. Vernoy de Saint-Georges. Cuenta la historia de una joven, Marie, que, tras la muerte de sus padres, es acogida por un regimiento militar, con los que se cría y a los que considera sus padres. Serán los que tengan que dar su consentimiento cuando Tonio, un joven del pueblo donde está establecido el regimiento, se enamore de Marie y pida su mano. Una marquesa enredará la trama del libreto, que no ha pasado a los anales de la historia de la ópera.

Tampoco es la partitura de Donizetti una de las más celebradas del compositor, y si la ópera ha trascendido es, fundamentalmente, por el aria ‘Ah! mes amis, quel jour de fête!’, con sus nueve ‘dos’ de pecho, que tienen cierto aire circense de ‘más difícil todavía’ pero son un excelente vehículo de lucimiento para los tenores que la interpretan. Luciano Pavarotti, que grabó la ópera en los años setenta junto a Joan Sutherland, la convirtió en uno de sus caballos de batalla en sus primeros años de carrera, cuando se le llegó a conocer como el rey del do de pecho. Juan Diego Flórez rompió con ella una tradición de 74 años sin bises en la Scala de Milán, y Javier Camarena también hizo historia con esta pieza en el Teatro Real al convertirse en 2014 en el segundo cantante en hacer un bis desde la reapertura del coliseo. La repetición del aria, no obstante, lleva camino de convertirse en una ‘peligrosa’ tradición.

En el caso de Xabier Anduaga en San Sebastián, los bises estaban más que justificados, y no solo por la ovación insistente del público, sino por el ambiente de fiesta que se vivía en el Kursaal y porque significaba el debut operístico del tenor en su tierra.

La propia producción de la ópera jugaba con esa complicidad y ese ambiente familiar y popular de las representaciones, asentadas sobre la calidad vocal de sus protagonistas. Las partes habladas que tiene esta obra se tradujeron, de manera muy libre y, a la vista de las risas del público, efectiva, al castellano y el vasco, sin que aparentemente hubiera una razón para que los personajes pasaran de un idioma a otro.

Escénicamente, el montaje se adaptó tanto a las características del Kursaal -un magnífico auditorio que sin embargo no es el escenario ideal para representar ópera- como a la celeridad de su creación. En ese contexto y con estos ojos hay que mirar esta producción, donde lo verdaderamente importante, las voces, dieron -y nunca mejor dicho- el do de pecho.

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