Sexo, infidelidades y un ataque de celos: la traición que provocó el mayor golpe de la historia a ETA

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Momento de la detención de la cúpula de ETA en Bidart, el 29 de marzo de 1992 – EFEIsrael VianaMadridActualizado: 07/09/2022 03:12h

ETA asesinó a 46 personas en 1991, incluyendo a cuatro niños, tres guardias civiles y tres adultos civiles en el atentado con coche bomba perpetrado contra la casa cuartel de Vic, en Barcelona. A estos se sumaron otros 18 más a comienzos del año siguiente, hasta que el 29 de marzo de 1992 se produjo uno de los golpes más duros sufridos por la banda terrorista a lo largo de la historia: la detención de su cúpula al completo en un chalé de Bidart (Francia), que puso fin al mito de la invulnerabilidad de sus jefes.

La operación, sin embargo, se desencadenó mucho antes. En concreto, el 9 de enero de 1989, cuando «un individuo anónimo me llamó y me dijo que me iba a dar datos para que la Policía pudiera detener al ‘comando Eibar’», según contó en su día el gobernador civil de Gipuzkoa, José Ramón Goñi Tirapu.

Se inició entonces la investigación y el seguimiento que, tres años después, provocaría la detención del colectivo ‘Artapalo’: Francisco Mujika Garmendia, alias Pakito, responsable del aparato militar de ETA; José Luis Álvarez Santacristina, Txelis, jefe del aparato político, y José María Arregi Erostarbe, Fiti, encargado de la logística.

Según revelaban los periodistas de ABC Javier Pagola, Dolores Martínez y Jesús María Zuloaga en su libro ‘El azote de ETA’ (1993): «El comandante de la Guardia Civil miró a los ojos a Garmendia. ‘¿Qué, te sientes más hombre por haber ordenado matar a niños?’, le preguntó. El criminal etarra más buscado en Francia bajó los ojos y se limitó a contestar con un lacónico ‘no sé’. El individuo que tenía a su espalda, acusado de haber ordenado a los comandos terroristas que llevasen a cabo cientos de asesinatos, carecía en ese momento del valor necesario para afrontar la situación. No sabía decir más que ‘no sé’».

Aquel 29 de marzo de hace 30 años, 60 agentes de la Policía Judicial francesa, acompañados por agentes del Servicio de Información de la Guardia Civil, rodearon la villa Etxe Maitia (casa querida) en la mencionada localidad de Bidart, situada a 20 kilómetros de la frontera de España. La preocupación en la esfera política y policial era extrema. El país se preparaba para la Expo de Sevilla y los Juegos Olímpicos de Barcelona sabiendo que ETA quería aprovechar las citas para provocar un nuevo reguero de sangre y golpear al Estado… pero la famosa operación lo truncó todo.

+ infoPortada del 30 de marzo de 1992 – ABC

La infidelidad

Lo sorprendente de este golpe es que comenzó como consecuencia de una aventura amorosa propiciada por el exceso de confianza que los miembros del ‘comando Eibar’ se tomaron con la familia de un colaborador que no había sido fichado por la Policía y que los escondía en su casa. Este, cuyo nombre en clave era Pedro, no tenía reparos en que sus compañeros de armas dispararan en la nuca contra civiles inocentes, pero cuando se enteró por casualidad de que su mujer y su hija mantenían relaciones sexuales con los terroristas en su propia cama, no pudo soportarlo y llamó al político guipúzcoano en marzo de 1989. El desprecio y los celos le llevaron a la traición.

Tras varios meses de negociaciones, Goñi Tirapu –que ejerció como gobernador en los años del plomo y vio cómo su hijo ingresaba después en ETA– llegó a un acuerdo con Pedro para que este se convirtiera en su confidente. Su objetivo era entregar a los tres miembros del comando que habían traicionado su confianza, a pesar de que los ayudaba desde hace tiempo. También su mujer, que se encargaba personalmente de cuidar a los terroristas cuando se escondían en su casa y les servía de correo con la organización. Luego comenzó a intimar con todos ellos.

Un mes después de la llamada, se activó la primera operación y cayó el sanguinario ‘comando Eibar’ en un piso de Ondarroa, en Vizcaya: Juan Carlos Balerdi Iturralde, Eneko, de 27 años; Jesús María Ciganda Sarratea, de 28 años, y Fermín Urdiain Cirizar, de 25 años. Para mantener su coartada con la banda, Pedro no tuvo más remedio que huir a Lourdes, en el sur de Francia. La organización no sospechó de él y todos le acogieron con los brazos abiertos. Comenzó entonces una doble vida como miembro de ETA en busca y captura y confidente policial al que el Ministerio del Interior le pagó 30 millones de pesetas para comprarse un piso cerca del santuario mariano.

+ infoAnálisis de la operación, publicada el 30 de marzo de 1992 – ABC

La mochila

Allí se encontraba cuando, unos meses después, un mensajero de ETA llegó a su casa y le entregó una mochila con la indicación de que pronto pasaría alguien a recogerla. Pedro avisó a su enlace en la Policía y este, a su vez, a un agente del Cesid, Pedro Gómez Nieto, que se desplazó corriendo hasta allí e inspeccionó el macuto. Debajo de la base del macuto encontró una lista con tres nombres que no estaban fichados. Uno de ellos era Francisco Rullán, alias Patxi, al que la Guardia Civil comenzó a vigilar las 24 horas del día.

Al final, Patxi entró en contacto con un supuesto jefe en la iglesia de la localidad vascofrancesa de Anglet, a pocos kilómetros de la frontera. Los agentes camuflados se llevaron una sorpresa gigantesca cuando vieron aparecer a Txelis, responsable del aparato político de ETA. Era uno de los tres integrantes de la cúpula dirigente del colectivo ‘Artapalo’. Sin embargo, todavía no era el momento de detenerlo. La Guardia Civil pensaba que debía ser más ambiciosa y tener paciencia.

Se activó entonces la ‘operación Broma-queso’, que consistió en seguir a Txelis día y noche. Primero descubrieron su ‘cuartel general, ubicado en un pequeño piso de Bayona; después, el caserío Txantxangorria, en Arcangue, donde mantenía reuniones importantes con otros etarras; a continuación, su vivienda personal en la localidad francesa de Guéthary, en los Pirineos Atlánticos, y, por último, el caserío Xilocan, a menos de un kilómetro de distancia del centro de Bidart, que utiliza con menos frecuencia. En este se reunía muy de vez en cuando con otros dos etarras que no pudieron identificar al principio.

El golpe final

Deciden esperar un poco más, pero la paciencia se agotó. Había que dar un golpe cuanto antes, por lo que el 24 de marzo de 1992, ante la cercanía de los Juegos Olímpicos y la Expo de Sevilla, se dio la orden de detener al jefe de ETA. Escogieron el día que supuestamente se iba a reunir con los dos desconocidos etarras en el caserío Xilocan, pero Txelis no acudió al encuentro. En el Ministerio del Interior cundió el pánico. Todo por lo que habían estado trabajando parecía venirse abajo. El entonces director de la Guardia Civil, Luís Roldán, tuvo que tranquilizar y pedir más tiempo al ministro, José Luis Corcuera, y al secretario de Estado para la Seguridad, Rafael Vera. Estos se lo concedieron.

Tan solo cinco días después, Txelis aparece por el caserío y decenas de policías lo rodean a la espera de órdenes. En ese momento, un miembro del servicio de Información de la Guardia Civil no da crédito a lo que ven sus ojos: Pakito, jefe militar de ETA y terrorista más buscado por Francia y España, aparece en escena. No hay tiempo que perder, así que este llama a Roldán y comienza el asalto de la vivienda. Pocos minutos después entran en el inmueble y detienen a los dos máximos responsables de la organización y a otro supuesta etarra al que tardan varios minutos en identificar. ¡Bingo! Se trata de José María Arregui Erostarbe, Fiti, encargado de la logística.

Según explicó el mandó de la operación aquel día, «a Pakito y Txelis se les detuvo en la parte superior del caserío, en un cuarto de baño, donde estaban rompiendo papeles y tirándolos por la taza del váter». Por primera vez en la historia, una operación policial había conseguido desmantelar a la cúpula de ETA al completo, al conocido colectivo ‘Artapalo’, según el nombre en clave elegido por la dirección entre 1986 y 1992, que era responsable de haber ordenado el asesinato de más de doscientas personas a base de bombas y disparos por la espalda. Al día siguiente, ABC titulaba en sus páginas interiores: ‘Cayó el enemigo público número uno’. La crónica comenzaba destacando que había sido el «golpe más duro» dado jamás contra la banda. En la portada podía leerse: ‘Éxito del Gobierno: Artapalo, detenido; ETA, decapitada’.

+ infoDatos sobre la reconstrucción de la banda el mismo día del golpe de Bidart – ABC

El destino de Pedro

Después de aquella operación, ETA ya nunca volvió a ser la misma. La organización, que había acabado con la vida de 46 personas en 1991 y 18 más entre enero y marzo de 1992, ‘solo’ mató a ocho españoles en lo que restaba de año; 14, en 1993, y 13, en 1994.

Un día después del golpe, la banda asesinó en Madrid a Aquilino Joaquín Vasco Álvarez, un coronel del Ejército del Aire retirado. Se usó un paquete bomba que iba dirigido a su hijo, pero que acabó también con un transeúnte: Juan José Carrasco Guerrero, un economista de 26 años. A continuación, publicó el siguiente comunicado en el diario ‘Egin’: «No hace mucho que ETA manifestaba su firme intención de seguir golpeando contra todas las fuerzas y aparatos del Estado y en todos sus frentes de lucha. Ahora subrayamos y reiteramos esa intención. Si alguien piensa, ciega y cobardemente, que recurriendo a la vía policial se va a evitar lograr los derechos fundamentales que a nuestro pueblo se le deben, debería saber a estas alturas que la sed de libertad de nuestro pueblo está firme y hondamente enraizada».

Pedro, por su parte, falleció pocos años después por un cáncer. Aunque ahora ya se conoce su historia, mientras vivía ETA nunca supo que él había sido el responsable de que la cabeza de la serpiente fuera cortada. En su entierro fue despedido con vítores y homenajes por parte de los simpatizantes de la banda y de muchos etarras. Ni tan siquiera sabemos hoy si antes de morir le contó a su mujer y su hija lo que había hecho. Ellas siguieron en contacto con los etarras durante muchos años, recorriendo cientos de kilómetros para ir a visitarlos a la prisión.

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